LOS CUBANOS Y LA LIBERTAD PDF Imprimir E-mail

LOS CUBANOS Y LA LIBERTAD
Dr. Oscar Elías Biscet
Presidente de la Fundación Lawton de Derechos Humanos
Medalla Presidencial de la Libertad
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Pienso frecuentemente en varias personalidades por su rol en la historia de la humanidad; estas son: Isabel Alejandra María II del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y de otros reinos y territorios, y Gobernadora Suprema de la Iglesia de Inglaterra; el papa Benedicto XVI, Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano y Vicario de Roma; y el Dalai Lama, símbolo espiritual y dirigente del Gobierno Tibetano en el Exilio.
Estas celebridades históricas tienen en común su liderazgo a nivel mundial y estar vinculadas a la esperanza y dignidad de sus fieles. Del mismo modo son líderes espirituales y políticos con una impronta fundamental para sus pueblos.
Otras de las ideas que a veces considero es que los seguidores de estas distinguidas personas son reflejos de sus líderes y en la mayoría de los casos se comportan así.
Sin embargo, en los sucesos del 15 de marzo en que varios disidentes ocuparon templos católicos en el país, en especial los 13 opositores que se personaron en la Basílica de la Iglesia de la Caridad de La Habana, la conducta de quienes representan a Benedicto XVI no estuvo a la altura de sus responsabilidades. Estos cubanos dignos pedían que el Papa en sus homilías para los cubanos resaltará la necesidad de cambios donde se respeten la dignidad y los derechos humanos fundamentales de nuestro sufrido pueblo.
Sorprendente fue la actitud de los dirigentes de la iglesia al ordenar la expulsión por la fuerzas de esos fieles seguidores del catolicismo y promotores del humanismo en Cuba. Asimismo de denostado fueron las dos publicaciones que hicieron en la prensa oficial del gobierno.
Pero lo más triste fue que personas llamadas progresistas y/o disi- dentes aprobarán la censura de estos acontecimientos únicos en la nación desde hace más de treinta años. Sus palabras no solo hirieron el corazón de estos amantes de libertad sino también a la historia.
Afirmar que este hecho fue inoportuno, irresponsable e invasivo es una contradicción de la realidad. Es un apoyo irreverente al igual que exponer que esta fue una acción extremista en el lado negativo de la vida.
Mas a pesar de esta triste situación me regocijó porque la acción de los ocupantes no es condenable al menos por la palabra del Dios de la biblia, la historia de la humanidad y el compendio de la ciencia de la desobediencia civil masiva no violenta de Gene Sharp.
Veamos que nos dice la historia.
También Martin Luther King sintió el peso doloroso de las críticas destructivas y en su Carta desde la cárcel de Birmingham se expresó así: “¿Acaso no fue Jesús un extremista del amor?: Amar a vuestros enemigos; perdonad a los que los vejan; haced el bien a los que os odian y rezad por los que abusan maliciosamente de vosotros y os persiguen. Y Pablo, un extremista del evangelio cristiano: Llevo en mi cuerpo las señales de nuestro Señor Jesucristo. Y Martin Lutero, un extremista: A lo dicho me atengo; no puedo obrar de otra manera: que Dios venga en mi ayuda. Y Jon Buyan: Permanecería en la cárcel hasta el fin al de mis días antes que asesinar mi conciencia. Y Abram Lincoln: Esta nación no puede sobrevivir esclava a medias y libre a medias. Y Tomas Jefferson: Para nosotros hay verdades evidente de suyo, y una de ellas es que todos los hombres fueron creados iguales […]”.
En la historia de Cuba, de la misma manera, tenemos esas grandes personas que derramaron su amor hasta el extremo. Hatuey: lo invitaron  arrepentirse de su lucha por la libertad o la hoguera, y le ofrecieron la vida en cielo, y pregunto: y ustedes estarán allí; le contestaron  que sí, y les dijo: entonces yo no quiero estar. Narciso López y más de cincuenta de sus compañeros en su lucha contra el imperio español instalaron la bandera cubana en la toma de Matanzas. Y Carlos Manuel Céspedes en su amor por la independencia dejo todos sus bienes y privilegio y dio el grito de libertad y patria. Y los bayameses antes de volver a la esclavitud prefirieron quemar su ciudad. Y Antonio Maceo, ante la paz sin independencia, hizo la Protesta de Baragua. Y nuestro apóstol José Martí, cuando dijo; sobre el yugo pondré la estrella que ilumina y mata. Y Tomas Estrada Palma, en el momento de juzgar al militar que mató a su madre  expuso: “La memoria de mi madre es demasiada sagrada para que yo la manche con un sentimiento de venganza”. Y los jóvenes fusilados por el gobierno castro-estalinista que antes de morir gritaron viva Cristo Rey. Y Orlando Zapata Tamayo que se negó a comer hasta la muerte para que se respetaran los derechos humanos. Y Juan Wilfredo Soto que no sobrevivió a la paliza de la policía política cuando reclamaba libertad de expresión. Y Wilman Villar, murió de inanición por las libertades básicas. Y Laura Pollan, nunca sus pies ni su espíritu se cansaron exigiendo la libertad de su patria.
Y King nos sigue diciendo en su carta: “Así que el problema no estriba en saber si hemos de ser extremistas, sino en la clase de extremista que seremos. ¿Llevaremos nuestros extremos hacia el odio o hacia el amor? ¿Pondremos el extremismo al servicio de la conservación de la injusticia o de la difusión de la justicia? En la dramática escena de la Gólgota fueron crucificados tres hombres. Nunca hemos de olvidar que los tres fueron crucificado por el mismo delito: el delito del extremismo. Dos de ellos eran extremistas de la inmoralidad, y por eso cayeron más bajos que el mundo que les rodeaba. El otro, Jesucristo, era un extremista del amor, de la verdad y de la bondad, y por eso se elevo por encima del mundo que le rodeaba. Bien podría ser que el Sur, la nación y el mundo necesitan muchísimo de extremistas creadores”.
Y bien, estos jóvenes fueron a la búsqueda del bien para su patria y su fin fue el amor, no podremos decir como Maquiavelo: “El fin justifica los medios”; pero si como lo exponen los cristianos, “el fin no justifica los medios”.
Pienso que su fin es amor y sus medios el amor; además vivimos bajo una dictadura totalitaria estalinistas sin ningún espacio libre para llorar nuestras penas y gritar hasta el infinito por el dolor que nos acoge en esta sociedad llena de miedo. Por todo esto no podemos reprobar esta acción de valientes y amorosos; porque estos llevan en su alma el anhelo intenso de libertad para su pueblo.
Estas personas en su protesta no han violado ninguna ley justa y sí,  leyes injustas que prohíben los reclamos de los derechos humanos fundamentales para el pueblo cubano. Y no me alarmo por esta violación; porque el mismo San Agustín de Hipona nos dejo el legado que “una ley injusta no es tal ley” o Santo Tomas de Aquino: “Una ley injusta es una ley humana que no tiene su origen en la ley eterna y en el derecho natural. Toda norma que enaltece la personalidad humana es justa; toda norma que degrada la personalidad humana es injusta”.
La ciencia de la desobediencia civil masiva no violenta expuesta en el libro de La Democracia a la Dictadura de G. Sharp, recomienda estos métodos de intervención no violentos: entrar y sentarse; entrar y quedarse de pie; meterse a tropel; incursión no violenta; Invasión no violenta; ocupación no violenta; huelga de quedarse en el sitio; desobediencia civil de las leyes neutrales.
Todos estos eclesiásticos y demás personas de críticas no creativas llevan la censura del papa Benedicto XVI. Porque la del pueblo cubano y la del Dios Bíblico  están segura.
Ruego a este Dios salvador y misericordioso que en las intervenciones de Benedicto XVI, mire el rostro y el alma de sufrimiento del pueblo cubano para que pueda evocar al profeta Isaías:
El espíritu de Jehová el Señor esta sobre mi, porque me ungió jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los preso aperturas de la cárcel; a proclamar el año  de la buena voluntad del Señor. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.